martes, 6 de noviembre de 2007

¿Merece la pena el esfuerzo?

Último año de universidad, el comienzo o despegue definitivo en nuestra carrera laboral está a la vuelta de la esquina. Uno mira hacia atrás y piensa ¿ha merecido la pena?

En mi caso, la respuesta a esa pregunta es afirmativa. A día de hoy, creo que el paso por la universidad me ha servido de mucho a nivel personal, aunque no tanto a nivel de cualificación técnica. No he desarrollado grandes habilidades específicas, pero sí habilidades sociales de comunicación, trabajo en equipo, resolución de problemas... Al fin y al cabo creo que es eso lo único que acredita la posesión de un título universitario. La formación específica que necesitemos para desarrollar nuestro trabajo nos la tendrán que dar las propias empresas.

Pero esta pregunta no solo puede formularse hacia atrás; también es una pregunta que me hago mirando al futuro. Me siento como un alpinista en el campamento base y con todo dispuesto para afrontar un duro ascenso. Los preparativos están completos, todo ha salido según lo previsto y ahora "solo" queda terminar la tarea. Pero uno mira la cumbre, observa el tortuoso camino que ha de seguir para alcanzarla y se repite la misma pregunta ¿merece la pena?

Una vez puestos en situación, voy a dejarme de metáforas y tratar de hablar en plata. Ahora mismo tengo un nivel salarial aproximado de 20.500€ anuales en mi trabajo. El puesto que ocupo está exento casi de toda responsabilidad y cumplo mi horario a rajatabla (que por cierto, es de 35 horas semanales). Observo a quienes estan por encima de mí en la estructura jerárquica de la empresa y veo a gente extresada, que a veces sufre enormemente con su trabajo, que por supuesto trabaja muchas más horas de las que marca el horario y cuyos sueldos rondan, en el mejor de los casos, los 35.000€ anuales. Esa es a día de hoy la cumbre en la que yo me fijo, y sinceramente, no creo que compense en absoluto ese ascenso.

Pero me va la marcha, debe ser que tengo muy desarrollado el gen de la competitividad y hay alguna fuerza que me empuja en contra de toda lógica hacia el camino ascendente. Quiero más, ser capaz de hacer lo que hacen mis superiores y hacerlo mejor que ellos, ganar más dinero, posicionarme más alto... pero sé que esa competitividad es una droga muy potente que terminará por quitarme gran parte de mi vida.

Es en estos momentos cuando las dudas ante la elección de si quiero ascender o si quiero quedarme quietecito donde estoy me asaltan. Pero entonces otra fuerza, mucho más real que la de la competitividad que me empuja hacia el pico... ¿por qué tienen que valer tan caros los pisos? ¿por qué en mi empresa no me contratarían nunca de forma indefinida en el puesto que ahora ocupo? ¿por qué el consumismo gana siempre la partida? Será para que el campo base no se llene de gente feliz...

Perdón por el ladrillo, un saludo a todos!

Raúl Marín García, grupo 73 de LADE

4 comentarios:

Carlos dijo...

En mi caso, un buen día decidí que no me valía la pena el Everest, y me dediqué al senderismo, lo disfruto, me llena y estoy a gusto. Nunca tendré la gloria de los Oyarzabal, y a veces miro las cumbres con cierta envidia. Pero entre bosques me encuentro mejor. Si no...de qué iba a estar dando clase en la universidad??

Talento y Personas dijo...

Creo que ser ambicioso está bien, debemos siempre tener afán de superación...pero ¿hasta qué punto?¿siempre lo mejor que podemos hacer es "llegar a la cumbre"? Dependerá de cada uno, habrá gente que sea su sueño y otros pensarán que puede ser su peor pesadilla. En mi caso, tengo claro que tendré que empezar desde muy abajo, pero espero ir subiendo poco a poco...¿hasta que altura?Pues no lo sé. Lo único que sé es que soy demasiado jóven cómo para que el hecho de no poder llegar a ser directora general me quite el sueño. Y aunque, como imagino que muchos de nosotros queremos llegar a ese punto, como dice Carlos, tengo que indagar muchos bosques antes...
Marta Cubero Delgado. grupo 71

jOhN dijo...

Hombre Raul, esta claro que todos hemos madurado, y que ahora somos mas "sociables" pero no creo que eso haya sido influido directamente por la universidad, o por el hecho de estudiar, sino que se trata mas bien del paso lógico del tiempo y la evolución de cada uno, te diría que veo a gente por la universidad que no han cambiado nada desde primero, pero bueno, lo que no te puedo negar es que llegado este momento de mi vida no me gustaria conformarme con ser un mero administrativo y quiero llegar lo mas lejos posible, supongo que asi estaremos todos... como diria mi madre... seran las hormonas!!

Talento y Personas dijo...

La verdad es que hay gente que no ha cambiado desde primero y gente que ha cambiado mucho, lo que no se puede negar es que la universidad, aparte de una eduación especifica según la carrera que elijas, te aporta muchas cualidades sociales. Buscar apuntes, trabajos en equipos, participación en clase, amistades.... en mi caso al menos me ha resultado muy importante. A mi las hormonas no me obligan a llegar a lo más alto, más bien a lo más comodo.
Roberto Ordás Fernández. Grupo 73 LADE